The Myth of the Eternal Return

The myth of the eternal return

 

 

Esta vida, tal como la vives ahora y como la has vivido, tendrás que vivirla no sólo una, sino innumerables veces más; y sin que nada nuevo acontezca, una vida en la que cada dolor y cada placer, cada pensamiento, cada suspiro, todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida habrá de volver a ti, y todo en el mismo orden y la misma sucesión.

 

Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia

 

Un libro con cubierta verde se quema y se convierte en cenizas. Las cenizas se fotografían y se imprimen. Las fotografías de las cenizas se montan en un libro con cubierta verde. Este libro verde se coloca en una pira y se le prende fuego. Se convierte en cenizas. El ciclo comienza de nuevo…

Phoenix -descrita anteriormente- es una de esas obras en las que, desde hace más de una década, Nicolas Grospierre explora mediante la fotografía el concepto de bucle, o de ciclo cerrado desde un punto de vista temporal, paradójico y estético.

En The myth of the eternal return, presentado en la Galería Alarcón Criado, el artista sitúa algunas de estas obras dentro de un contexto histórico o incluso político, como una forma de arrojar una luz específica sobre algunos de los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor.

El «Eterno Retorno» es la idea, que se remonta a la antigüedad clásica pero que también se encuentra en la mayoría de las mitologías, de que algunos acontecimientos idénticos, o incluso cronologías enteras, se producen periódicamente. Esta idea es la base de aquel dicho popular de «la historia siempre se repite». Es un concepto que invita a la reflexión, porque niega la creencia en el libre albedrío del hombre, abogando más bien por una forma radical de determinismo.

La naturaleza paradójica de este concepto atrajo a Nicolas Grospierre a plasmar esta idea en Phoenix. Empleando la fotografía como medio, el artista pone de relieve algunas contradicciones: lo fotográfico se manifiesta como un testimonio intangible de un hecho, pero al tiempo forma parte de una cadena de acontecimientos que subvierten su propia naturaleza.

En otra de las obras The Alder King, Nicolas Grospierre también explora la idea del bucle, aunque aquí adopta una postura mucho más provocadora. The Alder King es un ciclo de fotografías que muestra cómo un árbol es cortado, transformado en tablas y finalmente utilizado para crear un marco de madera, en el que se monta la imagen del propio árbol. A través de una declaración firmada, el artista declara que compró el árbol por 70 euros para el desarrollo de este proyecto.

En esta obra, el marco formal del eterno retorno se utiliza de forma crítica: no tanto para constatar la perpetua recurrencia de la naturaleza, sino para demostrar el funcionamiento interno de la crisis climática y manifestar cómo cualquiera de nuestras acciones repercute en el entorno natural, invitándonos a reflexionar sobre la idea de sostenibilidad.

Estas obras adquieren un significado mucho más grave cuando se pone en relación con el tercer proyecto que completa la muestra, The Bunker.

En 2014, Grospierre descubrió un búnker nuclear de la Guerra Fría en las afueras de Varsovia que había permanecido cerrado desde 1989, con todo su contenido intacto. Atónito por este descubrimiento, Nicolas Grospierre decidió fotografiar sistemáticamente el espacio y sobre todo sus existencias: uniformes, máscaras de gas, medidores de radiación, botas, cascos, botiquines de primeros auxilios; todo lo que supuestamente se necesitaba en caso de un ataque nuclear. Sin embargo, el artista decidió, a modo de conjuro, no mostrar nunca estas fotografías, encerrando simbólicamente un pasado remoto que nunca volvería a repetirse. El artista diseñó una caja blindada, en la que selló indefinidamente las fotografías de estos objetos. Es esta caja y una película que muestra a Nicolas Grospierre procediendo a encapsular para siempre estas fotografías, lo que se muestra en la exposición.

 The Bunker, fue realizado en 2014. En aquel momento, ese gesto simbólico pretendía ahuyentar los fantasmas de la guerra nuclear que se creía que nunca volverían. En cierto modo, The Bunker, fue diseñado para ser lo contrario del eterno retorno. Pero estamos en 2022; la guerra en Ucrania ha estallado; las amenazas nucleares se suceden casi a diario y parece que el mundo nunca ha estado tan cerca de una guerra nuclear desde la crisis de los misiles de Cuba de 1962. Por tanto, una pregunta parece esencial, incluso necesaria, ¿es el Eterno Retorno sólo un mito, o tiene una resonancia material? Una posible respuesta a esta pregunta la encontramos en esta cita del propio artista:

Mi consuelo, al pensar en la situación actual, es que el dicho según el cual «la historia se repite», tiene de hecho una segunda parte, que dice «la historia se repite primero como tragedia, luego como farsa». Creo que ahora estamos asistiendo a la farsa.