TEXTOS

Del desecho y el azar - Juan Bosco Díaz-Urmeneta (14 octubre 2014)

Baudelaire, en los inicios de la ciudad moderna, admiraba los andamios que cercaban las nuevas construcciones y decía preferirlos a la solemnidad de los edificios monumentales. Medio siglo después, Apollinaire se quejaba de un París donde todo quería revestirse con la aureola de la antigüedad: hasta los automóviles parecen, dice en Alcoholes, antiguos. Hoy quizá la situación se haya invertido y como dice el profesor Félix Duque, a la on-line-city (fríos, y grandes edificios, silenciosos y de acceso restringido, y sólo comunicados por la red) se opone la old-line-city que ha convertido los centros históricos en escenografías, mientras los habitantes, unos se agolpan en los suburbios y otros se reservan en selectas urbanizaciones privadas. Las huellas humanas en una ciudad así son sobre todo los desechos: edificios con un pasado acogedor, hoy cerrados y al borde del abandono, objetos desechados tan variados e inquietantes como lo es el nuevo perfil de la ciudad.

Alejandra Laviada, Geometry of Space. Galería Alarcón Criado, c/ Velarde 9, Sevilla. Hasta el 21 de noviembre.

Alejandra Laviada (Ciudad de México, 1980) ha explorado este mundo de residuos y desechos, y los ha fotografiado dándoles un perfil que oscila entre la escultura y el objeto hallado.

Pero Laviada no se inscribe sólo en esta reflexión sobre la ciudad, cuya novedad entusiasmó al arte moderno y cuyos desechos inquietaron a autores contemporáneos como Arman o Claes Oldenburg, también se ejercita en el azar y medita sobre él. Man Ray y Lázló Moholy-Nagy se interesaron por la fotografía sin cámara. Colocaban sobre papel fotográfico diversos objetos y exponían el conjunto a la luz que a veces recogía incluso la mano del fotógrafo que movía los objetos. El resultado era siempre aleatorio porque no era posible regular con exactitud la incidencia de la luz. Si la fotografía, como señala Rosalind Krauss, es a la vez huella que deja la luz y recorte del mundo que practica el fotógrafo, este último elemento se perdía o al menos debilitaba en aquellas fotos sin cámara. Alejandra Laviada sigue esta vía al impresionar sucesivamente el mismo negativo con fragmentos de los objetos residuales abandonados que recoge en la calle y guarda en su estudio.

Hay aún un tercer camino del arte moderno que incorpora esta fotógrafa mexicana: es una vía que atiende a la vez al arte óptico y al geométrico. Como en un momento de su carrera recogía directamente con la cámara los objetos desechados, ahora los fotografía de manera que la superposición de imágenes creen espacios visuales y geométricos de evidente valor plástico. Pero en él no se agota el alcance de estas obras. Además de su interés a veces constructivo y en ocasiones fundamentalmente óptico, tienen una clara raíz conceptual: las elegantes formas surgen de fragmentos de objetos abandonados como inservibles, tratados siempre con altas dosis de azar. De ese modo, un arte que aspiró siempre a ser racional hasta el punto de llamarse entre nosotros, gracias a las ideas de Aguilera Cerni, normativo surge aquí del desecho y el azar. Una auténtica paradoja.

Es preciso por tanto mantener esa doble perspectiva porque en ella coexisten orden y desorden, invención y aleatoriedad, formas racionales y residuos. Sólo así se valorará en rigor construcciones, como la titulada Casi un círculo, la elegante superposición de planos de Intersección blanca, azul o la que se advierte en Magenta. Es necesaria también esa doble mirada para apreciar las variaciones ópticas de los Círculos Púrpura, naranja, amarillo que traen involuntariamente a la memoria las esmeradas experimentaciones visuales de Eugenio Sempere. Hay sin duda una notoria diferencia: estas formas, por puras que sean, no pierden su condición material. La imagen fotográfica da claro testimonio de la madera, los plásticos de diversa clase, el aglomerado de madera prensada o la formica y similares. Las elegantes formas no ocultan su procedencia que van desde los pasillos de un edificio deshabitado, la zona suburbana, donde alguien abandonó ciertos objetos entre una rala vegetación, la calle donde quedaron al lado de algún recipiente de basura.

Nuestra cultura, tan preocupada por la imagen y la falsa apariencia, muestra así en estas obras de Alejandra Laviada, cuanto tiene de despreocupado derroche e indiferencia por la materia. En ese aspecto el trabajo de la autora mexicana encierra un último elemento, siempre a destacar: la ironía. Frente a la camisa italiana, la corbata de seda y la chaqueta de alta sastrería, que en ocasiones sirven de pantalla o disfraz a comportamientos deleznables, Laviada propone la dignidad que encierra lo insignificante, la forma, aún latente, en fragmentos que se tienen por inservibles o más en general, el potencial de la materia. En ese sentido estas obras hacen pensar en otro artista del pasado, Kurt Schwitters y aquel gran espacio de su estudio alterado cada día al añadirle lo que otros consideraban desperdicios.

MEXICO WEEK: ALEJANDRA LAVIADA: RE-CONSTRUCTIONS By Mariela Sancari ( 26 August 2014)

THREE PHOTOGRAPHERS EXAMINE HUMANITY’S IMPACT ON NATURE ( 23 July 2014 )

Alejandra Laviada Mexico City, Mexico (2013)

CHALLENGING TEMPORALITY: ALEJANDRA LAVIADA ( 2 November 2011 )

ALEJANDRA LAVIADA Photo Sculptures ( 2009 )

DOCUMENTOS